EL GIGANTE
Salió temprano de casa, dejó a sus hijos para no someterlos a la dura rutina de búsqueda de comida. Recorrió la zona pero todo estaba desabastecido, había poco que llevar a casa, así que la travesía se extendió a lugares que no frecuentaba seguido. Algunas zonas suelen ser tan riesgosas como beneficiosas pero, cuando no hay otra opción, el fin justifica los medios. Hurgó sin parar, desesperada. Su estómago crujía, lo que anunciaba que sus bebés también eran víctimas del hambre y aumentó su desesperación. ¡Bingo! Puré de papas con salsa, la cena perfecta. Botín en mano se dispone a marcharse a toda prisa, contenta, vigorosa, cuando de pronto, a solo algunos metros divisa un verdadero manjar. Ya llevaba la cena, pero ¿por qué no asegurar el desayuno? Se acercó, tomó el trozo de queso pero, antes de poder regresar, tras el fuerte sonido del choque de dos metales, su mundo se redujo a 4 rejas tan angostas como sus posibilidades de llegar a salvo a casa. A pesar de su situación, ...