EL GIGANTE

Salió temprano de casa, dejó a sus hijos para no someterlos a la dura rutina de búsqueda de comida.

Recorrió la zona pero todo estaba desabastecido, había poco que llevar a casa, así que la travesía se extendió a lugares que no frecuentaba seguido.

Algunas zonas suelen ser tan riesgosas como beneficiosas pero, cuando no hay otra opción, el fin justifica los medios. 

Hurgó sin parar, desesperada. Su estómago crujía, lo que anunciaba que sus bebés también eran víctimas del hambre y aumentó su desesperación. 

¡Bingo! Puré de papas con salsa, la cena perfecta.

Botín en mano se dispone a marcharse a toda prisa, contenta, vigorosa, cuando de pronto, a solo algunos metros divisa un verdadero manjar.

Ya llevaba la cena, pero ¿por qué no asegurar el desayuno? Se acercó, tomó el trozo de queso pero, antes de poder regresar, tras el fuerte sonido del choque de dos metales, su mundo se redujo a 4 rejas tan angostas como sus posibilidades de llegar a salvo a casa.

A pesar de su situación, no pensaba en escapar, sólo pensaba en sus pequeños, en lo que comerían, en quién los cuidaría. Su preocupación se dejaba sentir a través de unos quejidos y llantos que estremecían la habitación, lo que atrajo a su victimario. 

El corazón casi se le sale del pecho cuando vio a aquel gigante aproximarse. Siempre les había temido, huyó toda su vida de aquellos monstruos pero ese día había caído. 

El gigante levantó la jaula, estaba aterrada, por un momento creyó que la liberaría, hasta que se vio presa dentro en dos celdas: la jaula y ahora una tina que poco a poco se llenaba de agua. 

El agua subió con rapidez mientras el gigante disfrutaba de cerca la sádica escena y ella, con lágrimas y llanto de resignación pensaba en sus bebés, solos y preocupados porque su mami no llegaría esa noche. 

La madre concluyó su travesía ahogada entre lágrimas y seguidos intentos de salir guiados por su instinto de supervivencia. Los bebés, empujados por el hambre, salieron de casa y fueron víctimas de su depredador natural. El gigante, durmió satisfecho esa noche, y ya pensaba en qué o a quién torturaría al día siguiente pues, no por nada es el animal más inteligente del mundo. 

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