EL BUEN PETER


Camila, viernes 2:48 a.m. 

Despertó sobresaltada, eran cerca de las 3 de la madrugada, aún reinaba la luna.

Mayor fue su impresión al notar a su hermano Rodrigo sentando en la cama, frente a ella, mirándola fijamente de forma perturbadora.

Prefirió ignorar lo sucedido, se dirigió al baño y, al volver, pasó por la cocina y sin querer entender cómo o contra quien es que podría usarlo, tomó uno de los cuchillos y con sus manos temblorosas lo guardó entre su pijama.

Al regresar a su cuarto, presa del miedo, notó que su hermano estaba acostado y parecía dormir, sin embargo, guardó el cuchillo discretamente bajo la almohada y se acostó sin cerrar los ojos.

El miedo te hace recordar, imaginar y suponer muchas cosas y, Camila, no era la excepción a la regla. Desde que se acostó no dejaba de pensar en los muchos días que su hermano Rodrigo había tenido el mismo comportamiento: insomnio, hablar dormido durante la noche, quejidos extraños y un aparente vacío en su mirada.

No era la primera vez que Rodrigo la asustaba de esa forma, apenas hace unos días había ocurrido algo similar.

Camila, miércoles 3:15 a.m.

Como conducta habitual Camila se levanta un par de veces durante la noche para ir al baño. Pero esta vez, al despertar, se sorprendió al notar que su hermano Rodrigo estaba de pie, frente a la ventana del cuarto que comparten desde que ella dejó de dormir con sus padres. Parecía furioso, tenía ambos puños cerrados y hablaba en voz baja hacia la ventana. Camila no lograba ver a nadie más allí, así que asumió que estaba hablando dormido, pero no pudo levantarse y ayudarlo, se quedó paralizada, estaba realmente aterrada y es que, en pueblos chicos, es más normal el temor a un fantasma que a una mala persona, así que estas situaciones son realmente escalofriantes.

Ella fingió seguir dormida para observar a Rodrigo. Pasados algunos minutos, el joven abrió sus manos y un trozo de papel arrugado cayó al suelo. Seguido de esto, volvió a la cama y como alguien verdaderamente exhausto se sumergió en un profundo sueño casi de inmediato.

Sin dudar, Camila se levantó de la cama y, antes de ir al baño, tomó rápidamente el papel que había dejado caer su hermano y se dirigió al baño para poder ver de qué se trataba sin despertarlo.

Al revisar el papel, la adrenalina se apoderó de su cuerpo, sus manos temblorosas sostenían el pequeño trozo de hoja arrancado de un cuaderno, con un nombre escrito en letras mayúsculas por la aparente letra de un niño: CAMILA.

No entendía lo que ocurría, estaba asustada, quiso avisar a sus padres, pero todos sabían que Rodrigo experimentaba trastornos del sueño desde que era un niño, así que no parecía ser motivo para interrumpir la noche.

Camila decidió guardar el trozo de papel bajo su almohada y, al día siguiente, contarle a sus padres y a su hermano lo que había sucedido, pero al despertar, pudo notar que el papel ya no estaba y fue entonces cuando, aterrada, entendió que Rodrigo no estaba actuando dormido.

Camila, viernes 3:37 a.m.

Los minutos transcurren con extrema lentitud, la noche se hace eterna y Camila tiene pequeños lapsos de sueño, no puede permanecer despierta, pero no se permite adormecer sus sentidos, está alerta, se siente asustada y, el motivo de su angustia está a menos de 2 metros de distancia.

Por un momento cierra los ojos durante algunos minutos y despierta producto de un sutil golpe en la cara. En la oscuridad trató de buscar lo que sea que la había golpeado y, al encontrarlo, notó que era un trozo de papel. Con su celular iluminó la nota y se trataba de aquel fragmento de hoja de cuaderno con su nombre.

Las lágrimas corrían sin control por sus mejillas, Rodrigo parecía dormir y, estaba segura de que él no haría algo así, la conoce, sabe lo sensible que puede ser y nunca haría una broma de ese tipo.

Aquella joven, presa del miedo, tomó el cuchillo que había guardado bajo su almohada y se aferró el, mientras con mirada al techo y sin planearlo, fue víctima del agotamiento y se dejó dormir entre sollozos.

Rodrigo, viernes 1:30 a.m.

Ya son varios días sin poder dormir, pues cada vez que lo hace, empiezan los ruidos molestos y los toqueteos en sus pies y en su rostro.

Les contó a sus padres, pero ellos no le dieron importancia, suponían que eran pesadillas sacadas de contexto, “típica conducta de los jóvenes”.

No quiso avisar a Camila, ella si le creería cada palabra, pero probablemente la asustaría y no era su intención así que ha soportado los últimos días en silencio.

Rodrigo, sábado 6:30 p.m.

Volvía de una práctica de futbol, se aproximaba un partido importante y su entrenador les pedía mayor compromiso esos días.

Estaba realmente agotado, así que decidió acortar su camino tomando un atajo por “la esquina del duende”. Todos en el pueblo evitaban pasar por ese lugar pues, se rumoraba que un duende permanecía en esa esquina esperando a sus víctimas.

Los jóvenes no creían esas historias del todo, pero procuraban evitar la esquina o atravesarla en grupos, eso los hacía sentir seguros.

Pero Rodrigo es temerario, así que ignorando todas las supersticiones del pueblo decidió tomar ese camino y llegar pronto a casa.

Rodrigo, domingo 3:33 a.m.

Despertó de pronto producto del insistente toqueteo de unas pequeñas y frías manitas en su rostro. Su reacción inicial fue un grito de asombro al ver junto a su cama la silueta de un niño de alrededor de 8 años sonriendo de forma perturbadora.

Antes de que el joven pudiese decir alguna palabra, paralizado por el miedo, el pequeño niño se presentó.

- Mi nombre es Peter, no tengas miedo. Soy un niño, un buen niño. En la escuela me llaman el buen Peter.

El joven seguía sin poder decir palabra, estaba perplejo, pensó que estaba soñando, pero parecía muy real.

- Sé que me tienes miedo, pero soy bueno, solo quiero jugar.

Rodrigo se armó de valor y decidió continuar la conversación así que, con voz quebrada y sin pensar con detenimiento preguntó lo primero que se le ocurrió.

- ¿Quién eres?

- Creí que me habías escuchado, soy Peter, el buen Peter.

Respondió el niño manteniendo aquella inquietante sonrisa y los ojos muy abiertos.

- Eso ya lo dijiste, quiero saber qué eres y por qué estás aquí.

- Soy un niño, como ves, y te vi pasar por la calle hoy, noté que estabas solo como yo y quise hacerte compañía. Si no tienes amigos yo puedo serlo.

Rápidamente el joven recordó el camino que había tomado de vuelta a casa y el atajo que lo llevó por “la esquina del duende”, pero no podía creer que realmente eso estuviese sucediendo.

- ¿Eres un duende?

Rodrigo realizó la pregunta sintiéndose realmente confundido al hacerlo.

- Así me llaman algunas personas, pero no me veo como un duende, ellos usan sombrero y yo no llevo ningún sombrero.

La respuesta de Peter parecía inocente, pero Rodrigo sabía que no era un niño, no uno normal, así que decidió continuar la conversación y seguirle el juego para deshacerse del pequeño.

- Yo si tengo amigos, tengo muchos amigos, y soy mayor que tú, así que debes buscar niños de tu edad para poder jugar.

- Tu hermana parece ser más joven, quizá ella pueda ser mi amiga.

Peter respondió casi sin pensar, como si supiera exactamente lo que Rodrigo diría.

- ¡No! Mi hermana es una niña, solo le gustan juegos aburridos, no te divertirás.

Respondió Rodrigo con tono exaltado y trató de alejar al pequeño de esa idea.

- Entonces dejemos de hablar y juguemos, estoy aburrido.

El joven aun perdido entre lo que creía real y lo que no, se levantó de su cama y, para no despertar a Camila, salió de la habitación a jugar con Peter en el corredor.

Rodrigo, miércoles 3:05 a.m.

Han pasado varios días y el joven está exhausto, durante el día debe asistir a sus clases y a las prácticas de futbol y, por la noche, su descanso se ve interrumpido por Peter, quien cada vez demanda más su atención y no le permite dormir.

El joven ha intentado ignorarlo, pero siempre que lo hace Peter se vuelve más insistente, golpea el techo con sus pies haciendo berrinches, salta sobre su cama, golpea su cara y toca sus piernas.

Rodrigo decidió no hacerle caso, está cansado así que le pidió que se marchara. Pero Peter no quedó contento con eso, así que hurgó entre las cosas de Rodrigo y arrancó un pequeño trozo de papel de uno de sus cuadernos y, lleno de ira, escribió el nombre de su hermana y se lo arrojó a la cama.

- Si no juegas conmigo, tendré que invitar a Camila.

Aseguró en tono amenazante el pequeño.

El joven miró la nota y lleno de ira se levantó y se paró frente a la ventana de la habitación, con manos empuñadas tratando de idear una forma de deshacerse del molesto Peter. Le pidió que se marchara, pero fue inútil.

Pasados algunos minutos, decidió volver a la cama y no darle atención a la amenaza de su impulsivo huésped, quién seguía toqueteando sus pies y pellizcando su cuerpo, pero pese al cansancio, Rodrigo se sumergió en un sueño profundo hasta la mañana siguiente.

Rodrigo, miércoles 5:40 p.m.

Desesperado, Rodrigo conversó con una de las ancianas del pueblo que practica artes oscuras y conoce del tema. Aunque no creía en supersticiones, la presencia de Peter lo había hecho reconsiderar su opinión al respecto. Sabía que la anciana le creería y probablemente lo ayudaría.

En tanto escuchó la historia, la anciana le advirtió que, pese a la aparente inocencia del niño, su espíritu es malvado, así que debe tratarlo con mucho cuidado.

La anciana le dio una especie de ritual, parecía simple, le explicó con detalles.

- Debes aceptar jugar con él esta noche. Invítalo a jugar fuera de la casa y llévalo al terreno baldío que está pasando la carretera.

Mientras la anciana le explicaba, el joven asentía con su cabeza prestando atención.

- Cuando estés con él frente al terreno, dile que jugarán a “la búsqueda del tesoro” y arroja este puñado de piedras lo más lejos posible. Las reglas del juego son sencillas, él no podrá regresar a buscarte hasta que haya encontrado cada una de las piedras.

Rodrigo, aunque algo asustado, agradeció a la anciana y se marchó con el puñado de piedras.

Rodrigo, jueves 2:20 a.m.

El joven esperaba ansioso la llegada de Peter, no había dormido para estar atento y, fue entonces cuando apareció frente a su cama saludando enérgicamente.

- Espero que hoy quieras jugar conmigo.

- Por supuesto, te estaba esperando, pero hoy quiero que juguemos a algo más divertido y para eso debemos salir de casa.

Peter parecía muy emocionado por el entusiasmo de Rodrigo así que aceptó y salieron de la casa a toda marcha.

- El juego se llama “la búsqueda del tesoro”.

Rodrigo seguía las indicaciones de la anciana al pie de la letra, así que arrojó con todas sus fuerzas el puñado de piedras.

- Ahora debes buscar cada una de las piedras que acabo de arrojar y, cuando las consigas, podrás volver y seré yo quien busque el tesoro.

Peter se adentró al terreno y Rodrigo pudo verlo perderse entre los arbustos.

El joven regresó con un gran alivio y una sonrisa dibujada en su rostro. Se acostó sin hacer ruido para no despertar a Camila y durmió como en varios días no había podido hacerlo.

Rodrigo, viernes 2:30 a.m.

El joven había logrado deshacerse del molesto Peter y dormía sin dificultad, pero inesperadamente, sintió aquellas manitas heladas que lo atormentaban y despertó de inmediato sobresaltado.

- Intentaste engañarme.

Sentenció el pequeño mirando con ira a Rodrigo.

- ¿Cómo regresaste? Acaso, ¿encontraste el tesoro?

Rodrigo, realmente asustado y con voz temblorosa trataba de sobrellevar la conversación.

- Nunca busqué el tesoro, solo dejé que creyeras que lo hacía, pero no es la primera vez que intentan engañarme gracias a los consejos de esa ridícula anciana. Ya debería saber que no funciona ese absurdo juego, no desde hace muchos años.

El joven estaba paralizado y notaba en la mirada de Peter una maldad que no había visto antes.

- Ya me cansé de jugar contigo, veo que no eres mi amigo así que me iré, pero volveré por tu hermana.

- ¡Espera! ¡Regresa!

Rodrigo trató de retenerlo, pero el niño muy enojado se marchó.

Desde ese momento quedó inmóvil, sentado en su cama contemplando a su inocente hermana mientras dormía, cuidando que Peter no intentara hacerle daño.

Fue entonces cuando Camila se levantó de su cama. Rodrigo notó que la asustó, así que decidió acostarse y pensar en una forma de solucionar lo ocurrido y deshacerse de una vez por todas de Peter.

Peter, sábado 6:15 p.m.

Soy un niño, un buen niño. Soy el buen Peter. Pero nadie juega conmigo y, desde hace mucho nadie pasa por aquí, no desde que le llamaron “la esquina del duende”.

Todos parecen tener miedo de ser mis amigos, nadie me entiende. Solía tener amigos, eran buenos niños, como yo. Pero todo eso terminó luego del accidente.

Peter, 25 años atrás

Caminaba con mis padres de vuelta a casa, me habían llevado al parque y regresábamos para cenar. De pronto, se escucharon algunos disparos, parece que algunos hombres malos intentaban robar la tienda de la esquina, mis padres se agacharon y me pidieron hacer lo mismo. De pronto, vi como una mujer que corría asustada dejó caer su cartera, pero no lo notó y seguía corriendo, así que me levanté para recogerla y dársela, pero antes de tomar la cartera mi madre se levantó y me gritó. Fue entonces cuando me distraje y un auto que pasaba a toda velocidad me golpeó, enviando mi cuerpo directo a la esquina, al tiempo que mi madre fue impactada por una bala que le quitó la vida.

Fue un día muy difícil, estaba triste porque no pude acompañar a mis padres a casa ni darle la cartera a aquella mujer. Pasaron pocos días y mi padre acompañó a mi madre. Se quitó la vida en el sótano de nuestra casa. Lo supe por las personas que caminaban por la tienda y comentaban lo sucedido.

Después de unos meses empecé a hacer amigos, pero todos me dejaban, les asustaba, ya nadie quería jugar conmigo. Fue entonces cuando crearon el rumor de un duende que asechaba en la esquina, en la misma esquina en la que yo jugaba. Así que cerraron la tienda y la reabrieron en otro lugar y, desde entonces, son pocos los amigos que he podido hacer aquí.

Peter, sábado 6:35 p.m.

Hoy es un día especial, un amigo pasó por aquí y decidí acompañarlo a casa. Esperé con paciencia hasta que descansara un poco, parecía exhausto, así que le dejé dormir un momento.

Pasadas algunas horas decidí presentarme, pero mi amigo se asustó, como todos lo hacen. Sin embargo, jugamos y nos divertimos esa noche.

Peter, miércoles 3:05 a.m.

Rodrigo parece no querer jugar conmigo y eso me hace sentir triste. Él tiene amigos y una hermanita, pero yo estoy solo, así que le dije que si no jugaba conmigo invitaría a su hermana Camila a jugar. Quería que sintiera celos y jugara conmigo, pero solo se enojó y dejó de hablarme toda la noche.

Pasadas algunas horas, tomé el trozo de papel que había guardado Camila bajo su almohada, quería disculparme con Rodrigo por hacerlo enojar.

Peter, jueves 2:20 a.m.

Antes de poder disculparme, Rodrigo me invitó a jugar muy emocionado así que no le quise recordar su enojo de la noche anterior y acepté jugar con él.

Peter, viernes 2:30 a.m.

Rodrigo no es mi amigo, intentó engañarme para deshacerse de mí, como han hecho antes todos con los que quiero jugar. Yo solo quiero un amigo. Le dije que sabía que intentaba engañarme, pero siguió mintiendo. No me gustan las mentiras. Rodrigo no es mi amigo. Voy a jugar con Camila, pero debo esperar que se duerma su hermano, así que fingiré que me voy y me esconderé en la oscuridad.

Peter, viernes 3:37 a.m.

Parece que Rodrigo se durmió, así que intentaré despertar a Camila, pero no quiero asustarla, no quiero perder otra amiga antes de tenerla.

¡Ya sé! Le arrojaré la nota con su nombre, así sabrá que quiero jugar con ella.

Rodrigo, viernes 3:40 a.m.

Luego de pensar en todas las posibles soluciones, el joven aterrado por la amenaza de Peter decide despertar a su hermana y llevarla con sus padres, era momento de involucrarlos, pero no quería llamar la atención del pequeño que podría estar cerca así que con sutileza se levantó y sin decir palabra, sacudió el cuerpo de su hermana para avivarla.

Camila, viernes 3:40 a.m.

Después de unos minutos despertó y, lo primero que notó al abrir los ojos fue la silueta de un hombre que sacudía su cuerpo así que, como reacción inmediata y producto del miedo, empuñó el afilado cuchillo y cortó la garganta de aquel sujeto, quién sin poder decir palabra, cayó al suelo al lado de su cama, no sin antes haber derramado su sangre sobre el rostro y el cuerpo de Camila.

Peter, 3:40 a.m.

Soy un buen chico, soy el buen Peter. Yo no tuve la culpa de nada. Pensaba que Camila podría ser mi amiga, pero es una niña mala.

Madre, 3:42 a.m.

Después de escuchar un espeluznante grito de Camila, la mujer se dirige a toda velocidad a la habitación de sus hijos para entonces encontrar, el cuerpo sin vida de Rodrigo y, a su homicida, cubierta de sangre y llanto con el arma entre sus manos.


Comentarios

  1. Para mi ay falto comunicación familiar y cada quien actuo por cuenta propia

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    1. Sin duda se trató de un gran mal entendido. Gracias por leer el trabajo y comentar su opinión. Saludos.

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  2. Te felicito Diego por tu historia escrita te deceo mucho exitos y bendiciones

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  3. Respuestas
    1. Pues me contenta que le cause miedo, esa era la intención 🤞🏽 Gracias por leer.

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  4. Un gran abrazo te amo mi rey lindo . Esta historia podría ayudar a muchas personas a comunicar sus temores guardados en la mente

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    1. Un abrazo grande, muchas muchas gracias por leer y sacar una reflexión al respecto. Valoro mucho el gesto.

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  5. Me encantó! La primera vez que la leí quede OMG😨y esta vez también jajaja, está buenísima!!!

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    1. Muchas gracias por tomarte el tiempo de leerlo, la verdad lo valoro mucho. Un gran abrazo 😉

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