CHERNOBYL

CAPÍTULO 1 - EXPOSICIÓN

¿Cómo marcharme después de tanto tiempo? Este es mi hogar, mis recuerdos están aquí.

Me rehúso. Aunque me haga daño, este es mi lugar.

Sé que todo pasará, pronto Chernobyl será habitable, la tierra volverá a ser fértil, crecerán árboles por doquier, veré volar a las aves, seré otra vez felíz.

Si me voy, dejaré atrás lo que soy. No sé si exista un mejor lugar que Chernobyl. Aquí conocí a mi más grande amor y, aunque víctima de la radiación me abandonó, su recuerdo vivirá en mí mientras pise esta tierra.

No podré enamorarme otra vez, no así.

He conseguido refugiarme en una vieja casa, en las habitaciones están los cadáveres de los antiguos dueños, yo duermo en la sala.

Mi antigua casa estaba cerca de la Planta Nuclear, la explosión la arrasó, no quedó nada.

Acaban de anunciar la evacuación, me están echando de mi hogar, pero conseguí donde esconderme.

Nadie sabe que estoy aquí, así que me ocultaré mientras se llevan a todos.

Lo logré, pude quedarme en mi lugar, pero creo que he estado muy expuesto, he bajado de peso, me agoto con facilidad, mi cabello se ha empezado a caer y, por alguna razón, empiezo a olvidar momentos felices aquí.

Me inunda un inmenso dolor y, de hecho, se alojó en mi corazón. No logro entender que pasó, era felíz aquí, pero ahora vivo inmerso en una profunda tristeza.

Todo sigue en ruinas, empiezo a pensar que fue una mala decisión quedarme, debí marcharme con el resto cuando aún podía.

Ahora estoy débil, no sé si valga la pena intentar escapar, no resistiría el viaje.

Chernobyl me dió todo lo que amo y ahora me destruye sin compasión, no puedo entenderlo, caminé directo al precipicio por amor, pero ahora, al borde del abismo, me pregunto que habría sido de mí si me hubiese permitido abrir mi corazón a nuevos lugares.

Será un misterio sin resolver.

Ahora solo aceptaré mi destino, y aquí junto a todo lo que tanto amé, me dejaré ir, aferrado a los escasos pero hermosos recuerdos que aún conservo de mi vida en Chernobyl.

CAPÍTULO 2 - RECUPERACIÓN 

Sobreviví.

Desperté sobresaltado en una habitación con paredes blancas, creí que había terminado mi agonía y como premio, había entrado al paraíso, pero me equivoqué, sigo con vida.

Una mujer vestida de blanco cruzó la única puerta de la habitación, sonrió al notarme despierto, me saludó y se fue antes de que pudiese si quiera hablarle.

No sé dónde estoy ni que ocurre, este lugar parece ser un hospital y, sea lo que sea, tengo la certeza de que no estoy en Chernobyl.

Quiero levantarme y averiguar que ocurre, pero sigo estando débil, no tengo fuerza para ponerme de pie sin ayuda.

La mujer regresó, así que no dudé en preguntarle que estaba pasando y ella, sin dejar de sonreír y mirándome con algo de compasión me explicó que estaba en un campamento para atender a las víctimas de la catástrofe de Chernobyl.

Me dijo que había sido muy fuerte, que nadie esperaba que alguien con el daño al que estuve expuesto sobreviviera.

Le pregunté cómo había llegado, quien me había buscado y trasladado al campamento, cuanto tiempo tenía allí.

Ella solo sonrió, otra vez, y sin contestar a mis preguntas se marchó.

Supongo que alguna brigada de rescate quiso chequear la posibilidad de algún sobreviviente y me hallaron, es lo más probable.

Durante el día la mujer me ha visitado varias veces, y no solo me ha dado de comer, además me ha ayudado a levantarme, trae mis medicinas y me ayuda a ir al baño. Ha sido mi bastón estos días.

Han pasado semanas, ya me siento mucho mejor, y hoy la mujer me ha dicho que podré salir del campamento pues ya me he recuperado.

Anhelaba este día, quería salir y ver el espacio exterior, pero ya no estoy seguro de eso, aquí me siento protegido, y la mujer ha sido muy gentil, no quiero irme, no ahora.

Salí de la habitación, caminé por un pasillo con puertas a cada lado y al final, encontré a la mujer, le pedí que me dejara quedarme, pero me dijo que el campamento no es un lugar permanente, que ya he mejorado lo suficiente así que debo marcharme y que, aunque este lugar resulte acojedor, no es mi hogar.

Me dijo que puedo volver y visitarla, pero que no debo permanecer aquí.

Dolió, no lo esperaba, siento que otra vez me echan a la calle, pero parece no haber otra opción, así que me marcharé.

CAPÍTULO 3 - RECAÍDA

Tengo miedo. 

No sé que tanto han cambiado las cosas estos meses, no sé que hacer, no tengo a dónde ir, ni dónde dormir, no tengo nada.

El exterior del campamento parece agradable, el sol brilla con intensidad, las hojas de los árboles bailan con el ritmo del viento.

El miedo empieza a ser cada vez menor, de hecho, está siendo sustituido por una intensa curiosidad.

Frente a mí hay un camino, está rodeado de árboles, no sé a dónde va pero parece ser la única salida.

Antes de adentrarme al camino, decidí voltear y dar un vistazo final al campamento, quería guardar en mi mente la imágen del lugar que me regaló otra oportunidad de vivir pero, la imágen que capturé incluye a un chico que está de pie mirando hacia mí, justo en el lugar en el que estuve detenido hace unos minutos. 

Decidí volverme hacia él y preguntarle que hacía allí.

Él me contó que era paciente en el campamento, pero que mejoró y lo dejaron salir. Al igual que a mí.

Me explicó que no vivía en Chernobyl, pero que la radiación afectó a algunas ciudades cercanas y, entre esas, estaba su antiguo hogar.

Ambos nos encontramos sin saber qué hacer o a dónde ir, así que le propuse andar juntos el camino y ver hacia dónde nos llevaba. Él aceptó.

Durante el camino ambos mirábamos asombrados la naturaleza, era impresionante contrastar tantos colores y vida con el tono gris y la muerte que se apreciaba de dónde venimos.

Andar juntos nos ayudó a acortar el camino y, antes de notarlo, estábamos frente a una carretera, al otro lado, una gasolinera y al fondo, podían apreciarse algunos edificios y muchas luces, en fin, una ciudad a todo motor.

Estábamos abrumados ante tantas opciones, pero lo que me inquietaba es que aún con tantas posibilidades frente a mí, yo sólo pensaba en una cosa: Chernobyl.

Mi compañero propuso buscar un refugio pues se aproximaba el atardecer, pero preferí no hacerlo, le agradecí su compañía durante el camino y me despedí, necesitaba volver, ya había pasado algún tiempo y de seguro Chernobyl había vuelto a ser la de antes, mi hogar.

CAPÍTULO 4 - DESPEDIDA

Imagino lo radiante que debe estar Chernobyl.

Ha pasado algún tiempo así que de seguro ha vuelto a la normalidad.

QMis últimos recuerdos de la ciudad no son los mejores, la última vez que estuve allí casi pierdo la vida, pero fue mi decisión, siempre lo fue.

Mi entusiasmo y curiosidad han derivado en una enorme ansiedad, y producto de eso, el camino me ha resultado eterno.

He tenido mucho tiempo para pensar y he recordado lo que conversé con aquel chico mientras caminábamos por el bosque.

Me contó que no estuvo tan expuesto como yo, en cuanto notó que la radiación lo estaba afectando decidió abandonar su ciudad, sin embargo, el daño que recibió fue suficiente para internarlo en el campamento.

Él no quiere volver a lo que fue su hogar, o eso me dijo.

Me explicaba que no deseaba regresar al lugar que le hizo daño, decía que el amor no te lastima y que si lo hace, entonces no es amor.

Sin notarlo me vi en la colina frente a Chernobyl, he llegado.

Es de noche y algunas pocas luces permanecen encendidas, la ciudad parece dormir.

Ya no está en ruinas, ha sido reconstruida pero no es la misma de antes.

Creo que nunca amé a Chernobyl, lo que realmente amaba era como me sentía aquí, sentirme escuchado, esperado, acompañado, amado.

Pero nada de eso está ahora, nada de mí queda en este lugar y, aunque duela aceptarlo, nunca volverá a ser como antes.

Adiós Chernobyl, te agradezco por todo lo que pude vivir aquí, deseo te conviertas en un lugar mejor que el que conocí y, aunque tu recuerdo permanecerá en mí, debo marcharme y forjar mi destino lejos de tí.

CAPÍTULO 5 (FINAL) - SANACIÓN

Han pasado algunas semanas desde mi visita a Chernobyl.

Volví a la ciudad que encontré al salir del campamento. He estado aquí desde entonces.

No he vuelto a cruzarme con aquel chico del camino, me gustaría disculparme por haberlo dejado sólo de pronto.

No sé si permanezca aquí mucho tiempo, no sé si haga este mi hogar, pero ha sido satisfactorio respirar aire fresco y puro todo este tiempo.

Decidí ir al campamento, me sentía en deuda con la mujer que allí me cuidó y con el equipo de rescate que me sacó de Chernobyl y me salvó la vida

Ella sonrió al verme, esta vez con una genuina satisfacción en su mirada.

Me escuchó, le agradecí por toda su ayuda y le hablé con algo de vergüenza de mi regreso a Chernobyl, ella solo escuchó y asintió y, al terminar de expresarle mi gratitud, me pidió que la escuchara con atención.

-A lo largo de mi vida he ayudado a muchas personas, también he sido ayudada muchas veces, y es normal volver al lugar que originó nuestro malestar, no debes sentir vergüenza, lo importante es la reflexión que produjo en tí aquella experiencia, quédate con eso.
La primera vez que despertaste aquí me preguntaste quién te había rescatado y, en ese momento preferí no responderte, ahora vienes a agradecer a un equipo de rescate, pero la verdad es que nadie fue a buscarte, tú llegaste solo, cruzaste todo el bosque desde la salida de Chernobyl y encontraste el campamento, caíste desmayado y permaneciste inconsciente algunos días, supe que no recordabas nada cuando despertaste desorientado aquel día pero ahora, quiero que te agradezcas, tú fuiste quien salió de Chernobyl, por tus propios medios, no te dejaste morir, tú salvaste tu vida y tú vas a rehacerla.

Luego de eso, sin poder decir una palabra me marché, atónito, abrumado, absurdamente felíz y con la certeza de que Chernobyl fue mi gran amor, mi peor castigo y mi mayor victoria. 

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