PRISIONERO 1/2
Tres paredes y barrotes de metal. No es sencillo mantener la cordura en un lugar así.
Por fortuna no estoy solo, tengo un compañero.
Llegué aquí hace mucho, ya no recuerdo cuando, mi compañero tampoco parece recordarlo, hemos estado juntos siempre.
Él habla poco y, cuando lo hace, hay que poner atención, es lo que le sigue a directo.
Ha tenido una vida difícil, no lo culpo.
Constantemente juzga, señala y condena, es una conducta que detesto de él pero, aunque se lo he dicho, le resulta difícil cambiarla.
Se siente sólo, aunque yo esté aquí y comparta el espacio con él, puedo notar la soledad que embarga su alma.
Una vez logré que se desahogara conmigo, aproveché su sensibilidad y lo escuché con atención, me contó de sus cadenas, de sus ataduras, de sus prejuicios, de la presión que carga sobre sus hombros al sentir la necesidad de complacer a todos, me habló de su estallido, de su final, su huida, del momento en el que llegó a este lugar y es que, a diferencia de mí, él entró por su voluntad y ha preferido permanecer aquí, aislado, en soledad, tratando de encontrarse a si mismo pero, sin planearlo, se encontró conmigo y, aunque me cueste la mía, yo conseguiré su libertad.
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