ROSA
A diario la miraba con admiración y ella, con su indiferencia, sin querer llamaba más su atención.
Se veía tentado a tomarla, quería poseerla, no deseaba compartirla y, día con día, alimentó la idea de que el sentimiento era recíproco, así que una noche, mientras ella dormía, la sacó del jardín y la llevó a su habitación.
Ella no entendía lo que ocurría, sentía un intenso dolor y fue entonces cuando notó que había sido mutilada.
Su raíz rasgada estaba en el jardín y, lo que quedaba de ella, estaba en un florero con agua sucia, presa del miedo y la incertidumbre.
¿Dónde está Rosa? Se preguntaban las flores del jardín al notar que su compañera había desaparecido.
Nadie tenía claro lo que podría haber pasado, pero todas susurraban lo que suponían.
Algunas la juzgaron de vanidosa, otras aseguraban que era la favorita del jardinero, y que siempre posaba para él, exponiendo sus pétalos para presumir su belleza y provocarlo.
Todas tenían opiniones diferentes, pero coincidían en una cosa: sin importar lo que sea que le haya pasado a Rosa, ella se lo buscó.
Por la tarde el jardinero volvió, y una de las flores pudo ver sus manos cortadas así que se armó de valor y le preguntó por Rosa.
Ha intentado escapar del jardín, yo quise detenerla y me atacó con sus espinas. Fueron las palabras del jardinero.
Todas se conmovieron y le mostraron su apoyo, sabían que Rosa además de vanidosa era rebelde.
Mientras tanto, Rosa miraba con nostalgia por la ventana, añorando volver al jardín, aunque sabía que ya no sería la misma, que una parte de ella fue arrancada.
Se preguntaba por qué a ella, por qué lastimarla de esa forma, pero la consolaba la idea de que sus compañeras la buscarían y juntas, lograrían encontrarla y sacarla de allí.
Pasaron los días y Rosa se marchitó, su último respiro fue frente a la ventana, en una tarde lluviosa, con la idea de haber sido víctima de un brutal abuso, mientras sus compañeras, guiadas por la historia de alguien más, la juzgaron y condenaron.
No siempre importa lo que es, a veces importa lo que parece, y aunque Rosa se despidió siendo víctima, el resto solo recuerda las manos del jardinero.
Por más Rosas y menos jardineros.
Comentarios
Publicar un comentario