LAS ESCALERAS DEL RÍO
Corría el año 2006, cuando el pequeño Luis de unos 11 años empezaba a escuchar escondido detrás de las paredes las conversaciones de su tía que ahora lo dejaba dormir más tarde.
Disfrutaba de las reuniones de su tía y sus primas, junto con amigos y vecinos pues el tema principal en todo momento eran apariciones, brujería y todo tipo de situaciones paranormales.
Un día, entre una de tantas conversaciones, se mencionó un nombre que realmente lo estremeció: la toallona.
Luisito se sintió muy intrigado por la historia de éste personaje que, al parecer, era una aparición malvada que rondaba el vecindario desde hacía muchos años, así que permaneció escondido mientras su tía, ante la mirada atenta de todos a su alrededor, empezaba a narrar la historia de la toallona.
"Hace al menos 50 años, cerca de esta casa, vivía una pequeña familia. Su casa estaba junto al río, era la última del vecindario. Vivían sólo la madre y sus tres hijos: Juan, Julia y Olivia.
Juan, por ser hombre y además el hermano mayor, abusaba constantemente de sus hermanas, obligándolas a hacer todas las tareas del hogar, incluso las que le correspondían a él.
Olivia era la menor, así que Julia la protegía y asumía todo el peso del hogar sobre sus hombros.
Con el tiempo, el abuso se hizo costumbre y más que abuso parecía rutina, así como el miedo que sembró Juan en sus hermanas dejó de serlo y se convirtió en un profundo odio.
Juan acostumbraba tomar lo que encontrara sin importar a quién perteneciera, así que cuando iba a la ducha tomaba cualquier toalla.
Julia ya estaba acostumbrada a soportar todo pero, entrando a su adolescencia, empezó a repugnarle la idea de que la toalla que tocaba su cuerpo fuese la misma que secara el torso de su repulsivo hermano.
Así que un día, pidió a su hermano que evitara usar su toalla pues le resultaba asqueroso que compartieran algo tan íntimo.
Juan entre carcajadas le dijo que ella no era dueña de nada y que de hecho, desde ahora, no tendría toalla pues era su favorita y la usaría a su antojo.
Julia estaba furiosa, sin embargo solo asintió y con su ojos llenos de lágrimas se marchó, pero esta vez algo era diferente, esta vez su plan no era llorar hasta desahogarse, esta vez cada lágrima derramada parecía sumarle valor para darle una solución definitiva a su problema.
Esa noche, la luna estaba llena y alumbraba toda la casa a través de sus grandes ventanales.
Julia esperó a que todos durmieran y se levantó sin hacer ruido, dirigiéndose a la habitación de Juan para tomar lo que le pertenecía.
Buscó por todas partes y no encontraba la toalla hasta que notó que Juan la tenía bajo su almohada.
Julia estaba decidida, así que la tomó, causando que Juan despertara pero, antes de que reaccionara, ella dió dos vueltas con la toalla al cuello de su hermano y lo presionó con todas sus fuerzas hasta que dejó de moverse.
Cuando Julia levantó la mirada, pudo ver a su pequeña hermana paralizada frente a la puerta de la habitación.
Le pidió a Olivia que estuviese tranquila, le dijo que todo había terminado, pero la pequeña rompió en llanto mientras ella, desesperada y nerviosa, le tapaba la boca con sus manos para apasiguarla.
Algunos segundos después, Olivia dejó de llorar, así que Julia retiró la mano de su boca pero, al hacerlo, notó que su hermanita no respiraba.
Accidentalmente la había asfixiado.
Su mente se nubló, cayó al suelo con la mirada perdida y estuvo allí unos minutos.
Solo salió de su estado cuando escuchó a su madre levantarse de la cama.
De inmediato supo que hacer.
Tomó un cuchillo de la cocina y en cuanto su madre cruzó la puerta de la habitación, le atravesó el pecho sin mediar palabra.
En ese momento, sin nada que perder y arrepentida profundamente de haberle quitado la vida a la pequeña Olivia, la tomó en sus brazos, cubrió su cuerpo con la toalla y bajó las escaleras hacia el río para dejarse llevar por la corriente junto a su hermana.
A la mañana siguiente fueron encontrados los cuerpos sin vida de Juan y su madre en la casa, mientras que Olivia fue hayada río abajo.
El cuerpo de Julia no fue encontrado.
Por eso aún no se sabe si lo que acecha las escaleras del río es un espíritu o la misma Julia, pero lo cierto es que quién pasa por esas escaleras después de que cae la noche, no vive para contarlo.
Con el tiempo, se le dieron muchos nombres a Julia pero el que permaneció fue la toallana, pues fue una toalla lo que provocó su ira y además el arma que uso para asesinar a su primera víctima.
Dicen que permanece allí, cada noche, en la parte baja de las escaleras del río, esperando a aquellos que ronden el lugar."
Al terminar la historia, Luisito estaba aterrado, así que sin contarle a sus primas la razón, les pidió dormir con ellas.
La noche se hizo larga y el pequeño Luis no conseguía dormir cuando, de pronto, escuchó el sonido de la puerta principal, así que sin despertar a sus primas se levantó y fue entonces cuando, paralizado por el miedo, entendió el destino de Julia, al ver a su tía dirigirse a las escaleras del río con una toalla en la mano.
Increíble 👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼 Me encantó la trama ❤️
ResponderEliminarQue bueno que te gustara, gracias por leer 🤩
Eliminarwhaaaat... te felicito Diego! dió un vuelco bien inesperado y sombrío.. todo por una pinche toalla jaja me encantooo!!
ResponderEliminarJajajaaja pues sí, todo por una toalla jajaja un abrazote mi amor, gracias por leer ❤️
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